Terapia Centrada en la Persona

También conocida como “Relación de Ayuda”, “Terapia no directiva”, “Terapia Centrada en el Cliente” o “Terapia Rogeriana”,  fue desarrollada por el psicólogo Carl Rogers (1902-1987).

Rogers, a partir de su rica y amplia experiencia clínica, descubrió que toda persona, por muy dañada que esté, posee capacidades para encontrar su camino y mejorar. Parte de la idea de que la persona posee por naturaleza, una tendencia actualizante, una especie de impulso hacia el crecimiento y la salud. La terapia tratará de crear las condiciones para liberarlo para un crecimiento y desarrollo adecuado.

En palabras de Carl Rogers:

“El individuo posee en sí mismo potenciales recursos para su propia comprehensión, para cambiar su autoconcepto, sus actitudes, y para dirigir su conducta, y estos recursos pueden ser liberados a condición de que un determinado clima de actitudes psicológicas facilitadoras pueda ser logrado”.

 

Actitudes básicas para la Relación de Ayuda

Según Carl Rogers, una relación servirá de ayuda si la forma de ser persona con el otro refleja tres actitudes básicas:

1. Autenticidad (también llamada “congruencia”): consiste en “ser el que uno es” en la relación, sin construirse máscaras o fachadas.
2. Aceptación incondicional (o “consideración positiva incondicional” ): implica aceptar a la persona tal cual es, con sus sentimientos y experiencias.
3. Empatía (o “escucha empática”): es la capacidad de comprender la experiencia única de la otra persona, dicho coloquialmente: “meterse en su pellejo” y comunicar algo de esta comprensión.

En la Terapia Centrada en la Persona el terapeuta, a través de estas tres actitudes, crea el marco propicio para que la persona pueda comprenderse a sí misma mejor, recobrar la confianza en sí mismo y obtener la autoestima indispensable para su bienestar.